el arte comunitario como espacio autónomo
- daninegri
- 19 ene 2023
- 5 Min. de lectura

Un mes y medio en estas tierras de montaña y aguas subterráneas me han permito decantar escrituras y reflexionar profundo en torno a mi práctica de arte comunitario.
En este tiempo en la Civitella he observado la profundidad implicada en el acompañamiento de procesos de creación comunitaria.
El arte comunitario es una práctica autónoma, no es territorio posible de ser colonizado por el arte contemporáneo, me refiero específicamente a la producción de objetos autorales, donde muchas veces las personas son invitadas a "colaborar" en la construcción de un "objeto - obra", que luego pasa a ser exhibida por "el/la artista" como piezas individuales o que son asumidas como piezas custodiadas por instituciones, sin contemplar en estas decisiones a las comunidades.
Lo comunitario como practica autónoma, cuestiona al clasismo imperante en el arte contemporáneo, ya que involucra una pérdida de soberanía respecto al poder, ya que no todo gira en torno al "artista productor" y/o "al curador" , la práctica comunitaria es un hacer colectivo en dialogo constante, no son decisiones cerradas, ni direcciones precisas fijas, tampoco debe satisfacer la mirada individual de nadie.
La mirada colectiva es la que debe ejercitarse. Es necesaria la generosidad y bajarle varios cambios a la ansiedad y a las expectativas en esta práctica.
La práctica comunitaria debe aspirar a la construcción de protocolos de cuidado de las comunidades en torno al trabajo colectivo, plantear desde el inicio del proceso de trabajo que es una creación colectiva, cuestionar el destino de la pieza, otorgándole valor al proceso de trabajo. Es preciso volver a esta conversación en cada encuentro.
La práctica comunitaria es comunitaria o no es. Sin subtítulos, ni traducciones, ni en la medida de lo posible. Sin adaptaciones en beneficio del poder (el poder del lenguaje, el poder de las instituciones, el poder de la historia del arte, el poder de la comodidad de las comunidades estereotipadas).
En Chile, en Guanaqueros; en las idas a la playa, se colectiviza la vida, y no cuidas "solo a quienes son tuyos", la mirada se extiende, y todxs somxs Salvavidas en la orilla. Lo mismo pasa con la comida, no llevas comida para ti, sabes que la comida que llevas la vas a compartir, y que otrxs van a compartir contigo. También sabes que si no tienes, algo te llegará. El hacer comunitario, como oficio, es un trabajo antiguo. No es apéndice de lo contemporáneo. Les invito a imaginar y pensar en prácticas comunitarias que recorren su biografía.
Llevo más de 10 años ampliando mi práctica de los márgenes del arte contemporáneo, primero con comunidades con diversidad física e intelectual en situación de encierro, luego con comunidades con diagnósticos de salud mental en situación de encierro, en escuelas "especiales" con personas con situación de discapacidad física e intelectual, investigando en territorio con comunidades al huerto como espacio restablecedor del alma.
Salí a la calle, como cuando suena la campana para el recreo, me hice una mujer adulta caminando con mi grupo de Las Dalias (Viña del Mar) por los cerros de Valparaíso. No me arrepiento de mi camino, al contrario siento un orgullo grande por el dibujo realizado, y por la aventura de dibujar en comunidad un camino que aunque a veces no es reconocido por mis pares "lxs especialistas jurados", es la decisión más consciente que he tomado en esta vida. Ser con otrxs, en compañia, problematizar la individualidad, perderme en la colectividad, recuperar y validar el autocuidado del espacio íntimo, sin dejar de acompañar procesos comunitarios.
Soy muy porfiada. Ser perseverante es una característica que podría caracterizar a mi práctica. La aguja y el hilo, llegan a mí por herencia familiar. Luego recibo una formación en Estados Unidos (2009) sobre arte "colaborativo" con un foco desde el lenguaje de la ingeniería comercial, el marketing y la inclusión social desde las artes, en ese mismo viaje a la Pepa y a mí, nos traspasaron el Quilt (patchwork, unión de los pedazos, construcción de volumen y relatos textiles). En mi cabeza explotaba la memoria de mi abuelita Amalia y la Violeta Parra. La Pepa había hecho su tesis de arte con arte textil, unos bordados de gran formato, cuando los vi me abrieron la cabeza.
Yo, hasta ese momento, no tenía vinculación con el textil "desde el arte contemporáneo".
El Textil como espacio en resistencia del arte contemporáneo
Las hebras han tomado un protagonismo en el sistema del arte Chileno en los últimos años, no porque no existieran artistas realizando esta practica, más bien, porque el mismo arte contemporáneo excluyo a las practicas "manuales", durante años todo lo vinculado a lo "artesanal" fue puesto al margen.
Es por eso que la obra plástica de Violeta Parra fue catapultada durante años, tanto cuando ella estaba viva, en la dictadura y en el regreso a la democracia, su trabajo como artista visual e intelectual estuvo completamente invisibilizado. A inicios de los años 2000 se inauguró un espacio en el Centro Cultural de la Moneda llamado "La que viene escondida", ahí podíamos ver parte de su obra, bajo un título que dejaba ver culpa, clasismo e ignorancia.
Otro hecho que respalda la invisibilidad de la práctica textil en el arte contemporáneo chileno, son las piezas textiles de la Colección del Edificio Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral (Hoy GAM), que inicia su construcción en 1971 y es inaugurado en 1972, para albergar a la III Conferencia sobre Comercio y Desarrollo la U.N.C.T.A.D. III.
Las obras textiles fueron construidas por un grupo de artistas, pagadas por el Estado de Chile y adquiridas como bienes patrimoniales.
La dictadura arrasó con el proyecto político de la Unidad Popular, con la vida de las personas, con la Colección de arte del edificio, con la memoria colectiva de esos 3 años (1970-1973) e incluso con todo lo que antecedía al 11 de septiembre de 1973. Ustedes pensarán, que importan las obras, lo importante son las desapariciones, la ausencia de justicia. Sin embargo, las obras, son un testimonio de la violencia con la que opero la dictadura, quienes son los responsables de la destrucción de nuestra memoria.
Como sociedad quedamos en un estado de amnesia permanente por esta perdida de memoria colectiva, aunque el fascismo-la derecha partidista y el policía que vive dentro de nosotrxs- no lo tolere, la Unidad Popular es parte de nuestra memoria.
Un tercer hecho, son las Arpilleras y la invisibilidad de sus creadoras las Arpilleristas. Las arpilleras fueron creadas en plena dictadura militar, al alero de la Vicaria de la Solidaridad. Salieron de Chile, y han sido señaladas como piezas que colaboraron a romper el sesgo que la dictadura construyó con la comunidad internacional, al negar consecutivamente los abusos a los derechos humanos.
La historia de las arpilleras ha sido escrita por innumerables intelectuales y activistas, vinculados a los derechos humanos, a la escritura testimonial, tesistas del extranjero y en Chile llevan años reflexionando en torno a las arpilleras como piezas de arte.
Sin embargo, a pesar de los "estudios e investigaciones" aún no se reconoce a las autoras de las piezas. Las piezas siguen siendo "anónimas", se entiende el anonimato en su contexto original de producción; la dictadura, sin embargo es importante reconocer hoy a las creadoras de las arpilleras como artistas. Detrás de cada arpillera, muchas veces hay un detenido desaparecido, una detenida desaparecida y su familia.
Lo comunitario, desde el textil, tiene una memoria común antigua, una hebra gruesa, imposible de invisibilizar a estas alturas.
Creo importante hacer evidente, lo que por muchos años fue invisibilizado, no estoy de acuerdo con situar a la practica textil comunitaria, sin poner sobre la mesa a la herencia que trae consigo. Una herencia no académica "¡enhorabuena!", sino que a una herencia que trae consigo a nuestras abuelas y nuestros abuelos.
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